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Símbolo: Qué es el Tarot

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Un juego que se volvió oráculoQué es el Tarot

Es una baraja de 78 cartas que nació como juego en el norte de Italia, hacia 1440, y que desde la década de 1780 se usa también como oráculo. Aquí está de dónde viene, cómo está hecho, qué tiene que ver con la baraja de póker, lo que no cuadra y cómo usarlo como espejo.

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Cómo trabajarlo La práctica, a un toque.

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Qué es

Es una baraja de 78 cartas con la que se juega desde hace casi seis siglos y que, desde la década de 1780, también se usa para hacerse preguntas.

Para leer

Toca un libro para sacarlo de la estantería.

  • Dos grupos: 22 arcanos mayores, las cartas con nombre y número (el Loco, el Mago, la Torre, el Sol…), y 56 menores, parecidos a unos naipes (V&A; Waite, 1910). Los mayores son los «triunfos» de las barajas de juego, más el Loco (Dummett, 1980). Los 22 arcanos los recorre uno a uno.1,2,4

  • Cuatro palos: bastos, copas, espadas y oros (también varas, cálices y pentáculos o monedas). Cada uno tiene diez cartas numeradas y cuatro figuras: sota o paje, caballero, reina y rey. Las numeradas se leen por su número y su palo (Waite, 1910); sobre los números, mira los números.1

  • Palos y elementos: hoy se leen así: bastos, fuego (la acción); copas, agua (las emociones); espadas, aire (el pensamiento); oros, tierra (lo material) (V&A). La idea viene de antes: Etteilla ya relacionó cartas del tarot con los elementos y con los días de la creación (Dummett, 1980), y Waite (1910) escribe que la copa se refiere «naturalmente al agua» y que el pentagrama de los oros simboliza la correspondencia de los cuatro elementos en el ser humano.1,2,4

  • Palos y baraja de póker: Migue lee con las dos y usa esta correspondencia: tréboles, fuego (bastos); diamantes, tierra (oros); picas, aire (espadas); corazones, agua (copas). Sale de igualar cada palo de la baraja francesa con uno del tarot y ponerle el elemento de arriba. Es una convención, no un hecho, y hay otras: Waite (1910, parte I) emparejaba así los palos antiguos con los modernos: varas con diamantes, copas con corazones, espadas con tréboles y oros con picas; solo coincide con Migue en las copas. Waite añade (parte III) que la diferencia entre los 56 arcanos menores y los naipes normales es «esencialmente leve». El V&A recuerda además una lectura antigua sin elementos, en la que los palos serían cuatro clases sociales; la da solo como posibilidad.1,4

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De dónde viene

Nació como juego de cartas en el norte de Italia, hacia 1440. Durante más de trescientos años fue solo eso, y todavía se juega en varios países.

  • Antes, los naipes: las primeras noticias seguras de cartas de jugar en Europa son de 1377: un edicto de Florencia de ese año las describe como recién llegadas, y un fraile dominico llamado Johannes (al que se suele llamar de Rheinfelden) describe en Basilea una baraja de cuatro palos de trece cartas. Un decreto de Berna que se citaba como de 1367 solo se puede fechar entre 1367 y 1398, quizá en 1379. Dummett (1980) sostiene que los naipes llegaron a Europa desde el mundo islámico: del siglo XV se conserva una baraja mameluca de Egipto, en el museo del palacio de Topkapi (Estambul), con cuatro palos y tres figuras por palo.2

  • Hacia 1440, en el norte de Italia, se añadió a esa baraja una serie de cartas con imágenes alegóricas que ganaban a las demás: los triunfos (trionfi, y luego tarocchi). La primera mención de la que no cabe duda es de 1442: los registros de la corte de los Este, en Ferrara, anotan una baraja de «carte da trionfi». También se jugaba en Milán, donde se pintaron para la familia ducal de los Visconti y los Sforza las barajas más antiguas que se conservan, hacia mediados del siglo XV (Dummett, 1980). Eran barajas pintadas a mano para nobles: el V&A conserva cuatro cartas italianas de hacia 1490, una con el emblema de los Visconti.2,4

  • El patrón de Marsella fue el modelo habitual del tarot en Francia en el siglo XVIII (Dummett, 1980). Se conservan barajas de ese patrón hechas en Marsella en 1760 por Nicolas Conver y por François Bourlion, y su diseño pasó también a Italia: en el Piamonte y en Lombardía se jugaba con barajas de ese tipo (Dummett, 1980).2

  • Sigue siendo un juego. Dummett (1980) recoge que se jugaba al tarot, con muchas variantes, en Francia, Italia, Suiza, Austria, Hungría, Eslovenia y Dinamarca, entre otros países: es el tarot francés, el tarock austriaco, el tarocco italiano. Quien juega casi nunca habla de «arcanos mayores»: son nombres de los ocultistas y, según Dummett, históricamente inexactos para las barajas de juego.2

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Por qué significa eso

Para adivinar no empezó a usarse hasta la década de 1780: el historiador Michael Dummett no encontró ninguna mención anterior a 1781. Luego, ocultistas franceses e ingleses le fueron añadiendo teoría.

  • 1781, Court de Gébelin. Este pastor protestante, masón y erudito publicó en el tomo VIII de Le Monde primitif (1781) un ensayo, «Du jeu des Tarots», que presentaba el tarot como un libro egipcio de sabiduría disfrazado de juego: unos sacerdotes egipcios habrían escondido su doctrina en una baraja para salvarla del fuego que destruyó sus bibliotecas. Dummett (1980) dice que toda la tradición ocultista del tarot parte de él.2,3

  • 1783, Etteilla. Jean-Baptiste Alliette, que firmaba Etteilla (su apellido leído al revés), echaba las cartas en París desde, al menos, 1770. En 1783 inventó un método para hacerlo con el tarot, y entre 1783 y 1785 lo publicó en Manière de se récréer avec le jeu de cartes nommées tarots, con tiradas y dos significados para cada carta, según estuviera derecha o invertida. Dummett (1980) ve claro que se inspiró en el ensayo de Court de Gébelin. De su escuela salieron barajas de tarot hechas para adivinar, con los significados escritos en las cartas, como el «Grand Etteilla».2,3

  • Mediados del siglo XIX, Éliphas Lévi. En Dogme et rituel de la haute magie (1855-1856) metió el tarot en su sistema de magia y lo ató a la cábala; Dummett (1980) dice que de esa obra sale todo el ocultismo moderno. Sobre quién fijó «arcanos mayores» y «arcanos menores» las fuentes no coinciden: el V&A se los atribuye a Lévi; Dummett los encuentra por primera vez en un libro de Ely Star de 1888, Les Mystères de l’horoscope, y dice que entonces ya eran terminología normal entre los ocultistas; y algunas fuentes secundarias se los dan a Jean-Baptiste Pitois, que escribía como Paul Christian (1870), cosa que no hemos podido comprobar en su texto.2,4

  • 1888, la Golden Dawn. Esta orden ocultista británica, fundada ese año por William Robert Woodman, William Wynn Westcott y Samuel Liddell Mathers, hizo de los símbolos del tarot una parte central de sus enseñanzas y rituales (Dummett, 1980). Unía el tarot con la cábala hermética: cada uno de los 22 arcanos mayores se correspondía con una de las 22 letras del alfabeto hebreo y, a través de ellas, con los 22 senderos del Árbol de la Vida. Dummett cuenta que entre sus adeptos había desacuerdo sobre qué letra le tocaba a cada carta.2

  • 1909-1910, Rider-Waite-Smith. Arthur Edward Waite dio instrucciones precisas para los arcanos mayores, y la dibujante Pamela Colman Smith diseñó los menores con más libertad (V&A). Salió en Londres con la casa Rider: en 1909 según el artículo del V&A; las fichas de sus objetos y Dummett dan 1910. El V&A la presenta como la primera con las cartas numeradas ilustradas con escenas que se pueden leer de forma intuitiva; Dummett recuerda que la Sola-Busca (Venecia, 1491 o quizá 1523) ya tenía ilustradas las numeradas, con otros motivos. Waite la explicó en The Pictorial Key to the Tarot (1910), la fuente de «Los 22 arcanos». Hoy se la conoce también como Waite-Smith o Rider-Waite-Smith, con el nombre de quien la dibujó.1,2,4

  • 1938-1944, el Thoth. Aleister Crowley y la pintora Lady Frieda Harris trabajaron en una baraja nueva: Harris pintó las cartas según las ideas de Crowley, y en 1944 salió el libro que las explica, The Book of Thoth (Britannica).

  • 1997, Marsella otra vez. Alejandro Jodorowsky y Philippe Camoin, de la casa marsellesa Camoin, publicaron una versión «restaurada» del tarot de Marsella. Es una reconstrucción hecha por ellos a partir de varias barajas antiguas, no la copia de una sola, según las reseñas de la baraja. Jodorowsky la usa en su método de lectura, que cuenta con Marianne Costa en La vía del Tarot (2004).

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Qué se sabe y qué no

El tarot tiene una historia real y unas imágenes que invitan a pensar. Pero varias cosas que se cuentan sobre él no se sostienen como se cuentan.

  • No cuadra

    Lo que no cuadra: «es un libro egipcio». Es la idea de Court de Gébelin (1781) y no tiene pruebas. Waite (1910) repasó diez argumentos de quienes la defendían, los llamó «pilares de arena» y escribió que no hay «ni una partícula de evidencia» del origen egipcio. Dummett (1980) llama «espurias» a las etimologías egipcias de la palabra tarot que se dieron entonces; en 1781 aún no se habían descifrado los jeroglíficos.1,2,3

  • No cuadra

    Lo que no cuadra: «lo trajeron los gitanos». Se repite mucho y tampoco se sostiene. La idea aparece por primera vez en el propio Court de Gébelin (1781), que hablaba de unos egipcios, mal llamados «bohemios», que habrían llevado las cartas por Europa; pero el pueblo gitano no viene de Egipto, sino de la India. Dummett (1980) escribe que casi no hay pruebas de gitanos que echaran la buenaventura con cartas del tarot, ni con naipes de ninguna clase, antes del siglo XX: su método preferido fue siempre la quiromancia.2,3

  • No cuadra

    Lo que no cuadra: «las cartas predicen el futuro». No hemos encontrado ningún estudio controlado que muestre que acierten más que el azar, y los que usan lecturas de tarot son muy pocos. Lo que sí está bien descrito es el efecto Barnum o efecto Forer: Bertram Forer dio a 39 estudiantes un supuesto análisis de su personalidad que era idéntico para todos y salía de un libro de astrología de quiosco; lo valoraron, de media, con más de 4 sobre 5 (Forer, 1949). Que una lectura te suene a ti no prueba que las cartas sepan algo. Y Dummett (1980) recuerda que el tarot no se inventó para adivinar: durante tres siglos fue solo un juego.2,5

  • No cuadra

    Lo que no cuadra: «cada carta significa una cosa». Los significados son listas que cambian según el autor. Waite (1910) escribe que lo que se saca de los arcanos mayores «por el arte adivinatorio» es, a su juicio, «artificial y arbitrario», salvo donde la imagen lo sugiere claramente, y dice que darles un aspecto de echar la buenaventura es «la historia de una impertinencia prolongada». Sus propias listas se contradicen: La Estrella es «pérdida, robo, privación» o, según otra lectura, «esperanza».1

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Cómo trabajarlo

Como espejo, el tarot puede servir para hacerte preguntas. No hace falta creer que predice: una imagen sacada al azar te propone mirar un asunto desde un ángulo que no elegiste.

  • Una tirada sencilla: saca una carta y, antes de mirar su significado, escribe qué ves: colores, gestos, qué te llama la atención. Después compara con la ficha de Los 22 arcanos.

  • La tirada más conocida es la que Waite describió en 1910 como «un antiguo método celta de adivinación», que hoy se llama cruz celta; según él, es la más adecuada para responder a una pregunta concreta.1

  • Con baraja de póker: Waite (1910) escribe que no hay método de interpretar el tarot que no valga también para unos naipes normales, aunque se supone que las figuras añadidas y, sobre todo, los arcanos mayores aumentan los elementos y los valores del oráculo. Dummett (1980) no encontró adivinación con naipes normales antes del siglo XVIII, y cuenta que cuando alguien empezó a hacerlo con el tarot, en la década de 1780, ya llevaba al menos veinte años establecida con la baraja normal.1,2

  • Pregunta, no pronostiques: cambia «¿qué va a pasar?» por «¿qué necesito ver de esto?». Es una pregunta que puedes comprobar tú, y no un pronóstico que no puedes comprobar.

  • Pregúntate: ¿qué carta evitarías sacar, y qué dice eso de ti?

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Fuentes

Para que lo compruebes tú.

  1. Arthur Edward Waite, The Pictorial Key to the Tarot (1910; en inglés; se lee en Wikisource): la historia y los diseños antiguos (parte I), los arcanos mayores (parte II), sus significados (parte III), «un antiguo método celta de adivinación», y las frases sobre el origen egipcio y sobre los palos.

    Citada en los pasos I, III, IV y V

  2. Michael Dummett (con Sylvia Mann), The Game of Tarot (1980; en inglés; el texto escaneado se puede consultar y buscar en archive.org): las primeras noticias de naipes y de tarot, la invención del tarot, la cartomancia, Court de Gébelin, Etteilla, Lévi, los gitanos y la Golden Dawn. Es la fuente histórica de este artículo.

    Citada en los pasos I, II, III, IV y V

  3. Antoine Court de Gébelin, Monde primitif, tomo VIII (1781; en francés; en archive.org): el ensayo sobre el juego de los tarots.

    Citada en los pasos III y IV

  4. Victoria and Albert Museum, «A history of tarot cards» (vam.ac.uk; en inglés) y las fichas de sus objetos sobre la baraja Rider-Waite-Smith: la estructura, los palos y los elementos, Waite y Pamela Colman Smith.

    Citada en los pasos I, II y III

  5. Bertram R. Forer, «The fallacy of personal validation: a classroom demonstration of gullibility», Journal of Abnormal and Social Psychology (1949), tal como lo cuenta Wikipedia en «Barnum effect».

    Citada en el paso IV

  6. Un aviso: algunas fechas y atribuciones varían de una fuente a otra (quién fijó «arcanos mayores y menores», el año de la baraja de Waite, cuál fue la primera con las numeradas ilustradas). Aquí van las que se apoyan en el texto original o en historiadores, y la discrepancia, contada.

    Lectura general

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