Qué es
Es la sensación de «yo»: el que piensa, decide y recuerda, y la historia que te cuentas sobre quién eres. Se nota sobre todo cuando esa historia se siente amenazada.
Para leer
Toca un libro para sacarlo de la estantería.
Un nuevo mundo, ahora
Eckhart TolleEl libro que más ha hecho por explicar el ego a todo el mundo: creerte lo que piensas de ti.
En América se publicó como «Una nueva Tierra». Explica el ego como un enemigo más de lo que Tolle quiere decir: léelo despacio.
Debolsillo. Traducción de Juan Manuel Ibeas Delgado. Original: A New Earth, 2005.
El yo y el ello
Sigmund FreudDonde nace el «ego» moderno: el yo como árbitro entre los impulsos, las normas y la realidad.
Es de 1923 y muchas ideas de Freud no se sostienen hoy. Vale para saber de dónde viene la palabra.
Alianza («El yo y el ello y otros ensayos de metapsicología», traducción de Luis López-Ballesteros y Ramón Rey Ardid) y Amorrortu (Obras completas, vol. XIX, traducción de José L. Etcheverry). Original: Das Ich und das Es, 1923.
El túnel del yo
Thomas MetzingerUn filósofo que trabaja con neurocientíficos explica por qué el «yo» es algo que el cerebro construye.
Es denso y es su teoría, no un hecho demostrado.
Enclave de Libros, 2018. Traducción de Emilio Pérez-Manzuco. Original: The Ego Tunnel, 2009.
El ego es el enemigo
Ryan HolidayEl ego en el trabajo y en la ambición, con historias reales y la filosofía estoica de fondo.
Usa «ego» como arrogancia, solo uno de sus sentidos.
Paidós, 2017 (edición americana). Traducción de Patricia Torres. Original: Ego Is the Enemy, 2016.
El yo que funciona: el que se levanta, organiza el día, aprende de sus errores y frena un impulso cuando no toca. Sin él no podrías vivir, y nadie serio propone quitártelo.
El yo que se defiende: la imagen de ti («soy listo», «soy buena persona», «soy espiritual») que vives como si fuera tú. Cuando alguien la discute, no oyes una opinión: sientes un ataque.
Cómo se nota: necesitar tener razón, tomarte las cosas como algo personal, compararte, ofenderte rápido, contar tu historia una y otra vez, no poder decir «no lo sé» o «me equivoqué».
Lo que no es: no es lo mismo que el egoísmo (pensar solo en tu provecho) ni que la autoestima. Se puede tener poca autoestima y mucho ego: la imagen que defiendes también puede ser «yo no valgo».
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De dónde viene
La palabra es latina, pero se hizo famosa con Freud: él escribía das Ich, «el yo», y en inglés lo tradujeron como ego. La idea es mucho más antigua: en la India y en el budismo ya se hablaba de la mente que dice «yo» y «mío».
Freud describió en El yo y el ello (1923) tres partes de la mente: el ello (los impulsos), el superyó (las normas que has aprendido) y el yo, que hace de árbitro entre las dos y la realidad.1
La traducción: en las ediciones inglesas de Freud, das Ich («el yo», una palabra de todos los días) se pasó al latín, ego. Bruno Bettelheim criticó en 1983 que así Freud sonaba más frío y técnico de lo que era. En español se dice «el yo».1,2
Antes de Freud, William James separó en 1890 el yo que conoce («I») del yo que es conocido, lo que piensas de ti («me»). Es la misma distinción de los dos sentidos.1,3
Mucho antes, la India hablaba del ahaṃkāra, «el que hace el yo», y el budismo del anattā, el «no-yo». Las verás una al lado de otra en la página siguiente, «Las miradas».
Hoy, en los libros de espiritualidad, «ego» casi siempre quiere decir el segundo sentido: el yo que se defiende. Eckhart Tolle lo popularizó en Un nuevo mundo, ahora (2005; en América, Una nueva Tierra).6
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Por qué significa eso
Porque poder pensar en ti mismo es muy útil y, a la vez, convierte tu imagen en algo que proteger. Lo que proteges, lo defiendes.
Una capacidad con dos caras: el psicólogo Mark Leary explica que el yo nos ayuda a planear y a afrontar lo que viene; y que esa misma capacidad de pensar en nosotros nos trae ansiedad, comparaciones, egoísmo y malas decisiones.5
Aferrarse: el budismo lo explica con el apego. No sufres por tener un cuerpo, unos pensamientos o una historia, sino por agarrarte a ellos como si fueran tú y no pudieran cambiar.
Identificarse: para Tolle, el ego es creerte lo que piensas de ti, tus cosas y tu historia. Por eso cuesta tanto soltarlo: se vive como perderse.6
Lo que tienen en común: ninguna de estas miradas dice que el yo sea malo. Todas dicen que el problema empieza cuando confundes la imagen con quien eres.
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Qué se sabe y qué no
Que pensar en uno mismo nos cambia el ánimo se ha estudiado mucho. Pero «el ego» no es algo que se pueda medir ni señalar en el cerebro, y algunas ideas famosas sobre él no se han confirmado.
- No cuadra
Lo que no cuadra: «hay que matar el ego». No lo dice ni Freud (que quería un yo más fuerte) ni el budismo (que propone ver que el yo no es sólido, no destruirlo). Sin el yo que organiza no podrías ni cruzar la calle. Lo que se trabaja es la identificación, no la capacidad.1
- No cuadra
Lo que no cuadra: el «agotamiento del ego». En 1998, Roy Baumeister y su equipo propusieron que la fuerza de voluntad se gasta como un depósito. Se hizo famosísimo, pero al repetir el experimento en muchos laboratorios a la vez (Hagger y otros, 2016; Vohs y otros, 2021) el efecto salió casi nulo.7
- No cuadra
Lo que no cuadra: «el ego está en tal parte del cerebro». Hay estudios que ven menos actividad en la «red neuronal por defecto», ligada a pensar en uno mismo, en personas que meditan mucho (Brewer y otros, 2011). Son estudios pequeños y muestran relaciones, no «el ego» en un sitio.9
Lo que sí se sabe: darle vueltas a uno mismo (la rumiación) va unido a sentirse peor, y la atención al presente ayuda a cortar ese bucle. Eso enlaza con la Meditación.
No confundir: en el Diseño Humano, el centro del Corazón también se llama «del Ego». Allí significa voluntad y valía: es vocabulario de ese sistema, no el ego de Freud ni el de Tolle.1,6
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Cómo trabajarlo
Observándolo, sin pelearte con él. Pillarlo a tiempo, nombrarlo y elegir qué haces. Cada vez que lo ves, ya no te maneja del todo.
Pregúntate «¿qué estoy defendiendo?» cuando te sientas atacado. Muchas veces no defiendes un hecho, sino una imagen de ti.
Nómbralo: «ahí está: quiero tener razón», «ahí está: me comparo». Es la misma técnica de nombrar los pensamientos de Los pensamientos y el Vipassana.
Nota el cuerpo: el pecho que se cierra, el calor en la cara, la mandíbula apretada. El cuerpo avisa antes que la mente. Respira antes de contestar (La respiración).
Practica decir «no lo sé», «me equivoqué» y «tienes razón». Si te cuesta mucho, ahí hay algo que mirar.
No te pelees con él: querer «matar» el ego es otra forma de ego. Basta con verlo, una y otra vez.
Pregúntate: ¿cuál es la imagen de ti que más te duele que alguien toque?
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Fuentes
Para que lo compruebes tú.
Sigmund Freud, El yo y el ello (1923): el yo, el ello y el superyó.
Citada en los pasos II y IV
Bruno Bettelheim, Freud y el alma humana (1983): la crítica a la traducción de das Ich como «ego».
Citada en el paso II
William James, The Principles of Psychology (1890), cap. X, «The Consciousness of Self»: el «I» y el «me» (en inglés).
Citada en el paso II
Anattalakkhaṇa Sutta, Saṃyutta Nikāya 22.59: el discurso del Buda sobre el no-yo.
Lectura general
Mark R. Leary, The Curse of the Self (2004): pensar en uno mismo, para bien y para mal (en inglés).
Citada en el paso III
Eckhart Tolle, Un nuevo mundo, ahora (2005; en América, Una nueva Tierra): el ego como identificación con la mente.
Citada en los pasos II, III y IV
R. F. Baumeister y otros, «Ego depletion: Is the active self a limited resource?», Journal of Personality and Social Psychology (1998); M. S. Hagger y otros (2016) y K. D. Vohs y otros (2021): las réplicas en muchos laboratorios.
Citada en el paso IV
S. Nolen-Hoeksema, B. E. Wisco y S. Lyubomirsky, «Rethinking rumination», Perspectives on Psychological Science (2008): darle vueltas a uno mismo y el ánimo.
Lectura general
J. A. Brewer y otros, «Meditation experience is associated with differences in default mode network activity and connectivity», PNAS (2011).
Citada en el paso IV
Nakkai
