Ve por orden. Primero la respiración, hasta que esté constante y no se te vaya. Luego mira tus pensamientos y déjalos pasar: sin juzgarlos y sin quedarte en ellos, solo observándolos. Los del día a día se van yendo, y entonces llegan cosas de más adentro. Obsérvalas igual.
Después, el cuerpo. Sentimos muchas cosas sin darnos cuenta, como la ropa que llevas puesta: está tocándote y no la notas. Eso es prestarle atención. Y cuando la mente ya esté tranquila, escucha tu corazón: estás conectando con tu cuerpo.
Hay muchas formas de meditar: en silencio, con música, con frecuencias… Prueba y quédate con la tuya. A mí, en el retiro de Vipassana, al principio no me ayudó: no podía callar la mente. Lo que me ayudó fue volver a la respiración.