Qué es
Una frecuencia es cuántas veces por segundo se repite un movimiento. En el sonido, decide si una nota es grave o aguda.
Para leer
Toca un libro para sacarlo de la estantería.
Musicofilia
Oliver SacksUn neurólogo cuenta casos de personas cuya relación con la música cambió por una enfermedad o una lesión del cerebro. Muestra cuánto puede hacer el sonido en una persona.
Son casos y relatos de un médico, no ensayos controlados: enseñan lo que la música hace en cada persona, no que una frecuencia concreta cure.
Anagrama (colección Argumentos, 2009). Traducción de Damià Alou. Original: Musicophilia, 2007.
Tu cerebro y la música
Daniel J. LevitinUn neurocientífico explica cómo oímos el tono, el ritmo y el timbre, y por qué la música nos afecta.
Trata de cómo percibimos la música, no de frecuencias que curen.
RBA (2008; reeditado en 2015, en bolsillo en 2018 y otra vez en 2024). Traducción de José Manuel Álvarez Flórez. Original: This Is Your Brain on Music, 2006.
Armonías del cielo y la tierra
Joscelyn GodwinRecorre lo que se ha pensado de la dimensión espiritual de la música, desde la Antigüedad hasta la vanguardia, como dice su subtítulo.
Es historia de las ideas, no física: cuenta lo que se ha creído de la música, no lo que se ha demostrado.
Paidós Ibérica (2000). Traducción de Radamés Molina y César Mora. Original: Harmonies of Heaven and Earth, 1987.
Qué se mide: un sonido es una vibración: una cuerda, el aire dentro de una flauta o tus cuerdas vocales van y vienen muchas veces. Cada ida y vuelta es un ciclo, y la frecuencia es cuántos ciclos caben en un segundo. Un ciclo por segundo es un hercio (Hz), la unidad de frecuencia del Sistema Internacional desde 1960 (Conferencia General de Pesas y Medidas): una nota de 440 Hz es algo que vibra 440 veces cada segundo.
Grave y agudo: a más frecuencia, nota más aguda. Subir una octava es duplicar la frecuencia: el la de 440 Hz y el la de 880 Hz suenan como la misma nota, una más fina que la otra.
Casi nada suena a una sola frecuencia: una nota de violín o de flauta lleva, además de su frecuencia principal, otras más agudas (los armónicos), y esa mezcla hace que cada instrumento suene distinto (Helmholtz, 1863). Por eso «música a 432 Hz» no es un sonido de 432 Hz, sino música afinada con su la de referencia en 432 Hz.
¿Te suena esto?
De dónde viene
Hace más de dos mil años que se ponen números al sonido. Y el la a 440 Hz, que hoy damos por natural, es un acuerdo del siglo XX.
Pitágoras y la cuerda: a Pitágoras (siglo VI a. C.) se le atribuye el hallazgo de que los sonidos que suenan bien juntos guardan proporciones sencillas. Con una cuerda tensa se comprueba: acortada a la mitad suena una octava más aguda (2:1); a dos tercios, una quinta (3:2); a tres cuartos, una cuarta (4:3). La atribución a Pitágoras en persona es tardía: según la Enciclopedia de Filosofía de Stanford («Pythagoras»), ya las conocían pitagóricos del siglo V a. C., como Hipaso y Filolao, y quizá antes los fabricantes de instrumentos.
La leyenda de los martillos: la cuentan Nicómaco de Gerasa (entre los años 50 y 150) y Boecio (hacia el año 500): Pitágoras habría oído en una herrería martillos que sonaban en armonía y pesaban en proporciones sencillas. No se sostiene en lo físico: el tono de un martillo no es proporcional a su peso (Enciclopedia de Stanford). Lo de las longitudes de la cuerda, en cambio, sí se cumple.
La afinación: ninguna nota tiene por naturaleza una frecuencia fija: hay que ponerse de acuerdo. Antes de 1939 cada país, y a veces cada orquesta, afinaba a su manera (Francia fijó 435 Hz por ley en 1859). El acuerdo internacional del la a 440 Hz llegó en mayo de 1939, en una conferencia en Londres organizada por la Institución Británica de Normalización, y la Organización Internacional de Normalización (ISO) lo confirmó en 1955 y en 1975 (Lynn Cavanagh, que cita el diccionario New Grove); la de 1975 es la norma ISO 16 (sin comprobar: su ficha no se pudo abrir). Es un acuerdo, y no siempre se cumple: después de 1939 la afinación siguió subiendo en algunos sitios (Cavanagh).
Los 432 Hz, lo que se dice: se repite que afinar el la a 432 Hz en vez de a 440 es más «natural», más relajante o más sanador. Qué se ha medido, en el paso siguiente; y qué no se sostiene, en «Qué se sabe y qué no».
¿Te suena esto?
Por qué significa eso
Se cree que el sonido actúa porque se ve que mueve la arena y el agua, y porque algunos estudios miden efectos sobre el estrés. Esto es lo que hay en cada caso.
La arena y la placa (Chladni, 1787): el alemán Ernst Chladni (1756-1827) esparció arena sobre una placa y frotó el borde con un arco de violín. La arena sale despedida de las zonas que vibran y se queda quieta en las líneas donde la placa no se mueve (las líneas nodales), y así aparece una figura; con cada tono sale otra, y cuanto más agudo es el tono, más complicada. Lo publicó en Entdeckungen über die Theorie des Klanges (Leipzig, 1787). El sonido que dibuja te deja probarlo.1
El agua que vibra (Faraday, 1831): Michael Faraday puso una capa fina de agua (y de otros líquidos) sobre placas que hacía vibrar. El líquido se llenaba de montoncitos que subían y bajaban en su sitio, ordenados casi siempre en cuadrícula, y cada montoncito iba a la mitad de la frecuencia de la placa. Él mismo dice que son ondas estacionarias (Philosophical Transactions, 1831). Con un ejemplo nuestro: no son como los círculos que deja una gota y que se alejan, sino ondas que se quedan en su sitio.
La cimática (Jenny, 1967): Hans Jenny publicó en Basilea Kymatik (1967; segundo tomo, 1972), con fotografías de las figuras que forman la arena y los líquidos sobre placas que vibran, y llamó cimática a ese estudio (del griego kyma, «onda»).
432 contra 440 Hz: Calamassi y Pomponi (Explore, 2019) hicieron un piloto con 33 personas sanas, a doble ciego según su título y cruzado (cada persona oyó las dos): la misma música afinada a 440 Hz y a 432 Hz, 20 minutos en dos días. Con 432 Hz el pulso quedó, de media, unos 5 latidos por minuto más bajo, justo en el límite de poder descartar la casualidad, y las personas contaron sentirse algo más concentradas y satisfechas. Los autores piden repetirlo con más gente.5
La música que calma: de Witte y otros (Health Psychology Review, 2020) reunieron 104 ensayos con 9.617 participantes: la música redujo el estrés, con un efecto mediano en lo que la gente dice sentir y algo menor en lo que se mide en el cuerpo (pulso, presión, hormonas). Estudian música en general, no una frecuencia concreta.5
Los cuencos y el om: Goldsby y otros (2017) midieron a 62 personas antes y después de una meditación con cuencos: después dijeron sentir menos tensión, enfado y cansancio, pero sin grupo de control no se puede separar el efecto de los cuencos del de pararse a descansar. Kalyani y otros (International Journal of Yoga, 2011) vieron en un escáner que, al recitar «om», bajaba la actividad de zonas del cerebro ligadas a las emociones; es un piloto con 12 personas.5
Los sonidos binaurales: si a cada oído le llega un tono algo distinto, el cerebro percibe un latido con la frecuencia de la diferencia: 400 Hz en un oído y 440 en el otro dan un latido de 40 Hz. Lo describió Heinrich Wilhelm Dove en 1839, con dos diapasones, uno junto a cada oído. Un estudio que reúne 22 estudios (Garcia-Argibay y otros, Psychological Research, 2019) encontró un efecto mediano sobre memoria, atención, ansiedad y dolor; Chaieb y otros (2015) hablan de resultados desiguales, a menudo débiles y breves.3,5
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Qué se sabe y qué no
El sonido se puede medir, mueve la materia y la música puede reducir el estrés. Pero varias cosas que se cuentan sobre las frecuencias no se sostienen como se cuentan.
- No cuadra
Lo que no cuadra: «432 Hz es la afinación natural». No existe una afinación natural: el la a 440 Hz es un acuerdo de 1939 y antes se afinaba de muchas maneras. Y lo medido es poco: el piloto con 33 personas (Calamassi y Pomponi, 2019) y otros dos del mismo grupo, con 12 personas con lesión medular (2020) y con 54 sanitarios (2022), este último con la ansiedad bajando también en quienes solo descansaban. Dan algo a favor de 432 Hz, pero son pequeños y no hemos encontrado que nadie los haya repetido. Que 432 Hz haga algo que 440 Hz no hace no está demostrado.5
- No cuadra
Lo que no cuadra: «las frecuencias solfeggio». Así se llama a seis frecuencias (396, 417, 528, 639, 741 y 852 Hz) a las que se atribuyen efectos curativos. Las difundieron Leonard Horowitz y Joseph Puleo (Healing Codes for the Biological Apocalypse, 1999; sin abrir). Guido d’Arezzo (siglo XI) no tuvo nada que ver: solo dio nombre a las notas con las primeras sílabas de un himno, «Ut queant laxis» (ut, re, mi, fa, sol, la; Wikipedia, «Solfège», que cita a McNaught, 1893). Esos nombres señalan el lugar de la nota en la escala, no su frecuencia: medir las notas en hercios llegó siglos después.7,8
- No cuadra
Lo que no cuadra: «el 528 Hz repara el ADN». Es una afirmación muy repetida, y no hemos encontrado ninguna prueba. En Europe PMC, un buscador europeo de artículos biomédicos, hay 13 registros que nombran 528 Hz en el título o en el resumen (consulta del 22 de octubre de 2026): los hemos mirado todos por su título y su resumen, y ninguno mide daño ni reparación del ADN. Sí hay ensayos que miden otras cosas, como el estrés o la presión arterial (por ejemplo, Bhoot y otros, Annals of Neurosciences, 2025, con 60 personas con hipertensión).7
- No cuadra
Lo que no cuadra: «el agua guarda la memoria de las palabras y de la música». Masaru Emoto publicó en 1999 Mizu kara no dengon («Mensajes del agua»), con fotografías de cristales de hielo: según él, el agua que recibía palabras bonitas o música formaba cristales bellos, y la que recibía palabras feas, cristales deformes. No está demostrado. El estudio con control de Radin, Hayssen, Emoto y Kizu (Explore, 2006) no probó sonido ni palabras, sino la «intención» a distancia de unas 2.000 personas, y 100 jueces puntuaron como más bonitas las fotos de las muestras «con intención». Según sus autores, esa diferencia es difícil de achacar a la casualidad, pero lo calcularon de la manera más favorable (a una cola: mirando solo en la dirección que esperaban). No basta: mide lo bonita que parece una foto, no una propiedad del agua; sus autores lo presentan como una prueba piloto; uno de los autores es el propio Emoto; y no hemos encontrado una réplica independiente.6
- No cuadra
Lo que no cuadra: «alta vibración» y «baja vibración». En física, vibrar es oscilar, y se mide en hercios. Cuando se dice que una persona o una emoción tiene «alta vibración» se habla en sentido figurado, y a mucha gente le sirve, pero no es una magnitud física: no hemos encontrado ningún aparato que mida en hercios el ánimo.
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Cómo trabajarlo
No hace falta creer que una frecuencia cura para usar el sonido. Puedes probarlo tú y comprobar qué te pasa, sin dar nada por hecho.
Mira la arena: El sonido que dibuja te deja tocar siete notas y ver qué figura dibuja cada una en una placa, como hizo Chladni.1
Prueba con música que te guste: escúchala con calma diez minutos. Antes y después, apunta de 1 a 10 cuánta tensión notas. Haz lo mismo otro día en silencio y compara: así separas lo que hace el sonido de lo que hace pararte un rato.
Si comparas dos afinaciones (por ejemplo 432 y 440 Hz), hazlo a ciegas: que alguien ponga una u otra sin decirte cuál. Si sabes cuál suena, lo que esperas cambia lo que notas.
Otras formas de calmarte: la meditación y la respiración no necesitan ninguna frecuencia.
Un aviso: esto es para cuidarte, no para tratar una enfermedad. Si algo te preocupa de tu salud, el sonido no sustituye a un médico.
Pregúntate: ¿qué parte de lo que sientes viene del sonido y qué parte de haberte parado diez minutos?
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Fuentes
Para que lo compruebes tú.
Ernst Florens Friedrich Chladni, Entdeckungen über die Theorie des Klanges (Leipzig, 1787; escaneado en el Internet Archive). Michael Faraday, Philosophical Transactions of the Royal Society, vol. 121 (1831), págs. 299-340; los líquidos, en el apéndice. Hans Jenny, Kymatik (Basilea, 1967; segundo tomo, 1972, según su ficha en CiNii).
Citada en los pasos III y V
Enciclopedia de Filosofía de Stanford, «Pythagoras»: las proporciones y la leyenda de los martillos. Boecio, De institutione musica, libro I, capítulos 10 y 11 (edición de G. Friedlein, 1867). Nicómaco de Gerasa, Manual de armonía (sin abrir).
Lectura general
Heinrich Wilhelm Dove, Repertorium der Physik, tomo 3 (1839), págs. 404-405. Hermann von Helmholtz, Die Lehre von den Tonempfindungen (1863), págs. 195-196: el timbre.
Citada en el paso III
Conferencia General de Pesas y Medidas (1960), resolución 12: el hercio. G. W. C. Kaye, Nature, vol. 143 (27 de mayo de 1939): el informe de la reunión de Londres, solo su ficha. Lynn Cavanagh, «A brief history of the establishment of international standard pitch a=440 hertz» (sin año): la ley francesa de 1859, Londres 1939 y la ISO en 1955 y 1975.
Lectura general
Calamassi y Pomponi, Explore (2019); Calamassi y otros, Acta Biomedica (2020 y 2022). De Witte y otros, Health Psychology Review (2020). Goldsby y otros, Journal of Evidence-Based Complementary & Alternative Medicine (2017). Kalyani y otros, International Journal of Yoga (2011). Chaieb y otros, Frontiers in Psychiatry (2015). Garcia-Argibay y otros, Psychological Research (2019).
Citada en los pasos III y IV
Radin, Hayssen, Emoto y Kizu, Explore (2006). Masaru Emoto, Mizu kara no dengon (1999; sin abrir).
Citada en el paso IV
Horowitz y Puleo, Healing Codes for the Biological Apocalypse (Tetrahedron, 1999; sin abrir: los datos, de su ficha en Open Library). Bhoot y otros, Annals of Neurosciences (2025). Europe PMC: la búsqueda de «528 Hz» (22 de octubre de 2026).
Citada en el paso IV
Wikipedia (en inglés), «Solfège»: solo para lo de Guido d’Arezzo, que no hemos podido contrastar con una fuente original, y dicho en el texto.
Citada en el paso IV
Un aviso: de los estudios hemos leído sus resúmenes, no los artículos enteros; el de Calamassi y Pomponi (2019) tiene una corrección de 2020 que no hemos podido ver, por eso damos sus cifras redondeadas. No hemos abierto el libro de Emoto, el de Horowitz y Puleo, el de Nicómaco ni el informe de Kaye. El número de la norma ISO 16 y lo de Guido d’Arezzo conviene contrastarlos.
Lectura general
Nakkai
