Qué es
Es lo que sientes y lo que hace tu cuerpo cuando algo parece un peligro. Sirve para protegerte. Y no tiene una sola definición.
Para leer
Toca un libro para sacarlo de la estantería.
Anxious
Joseph LeDouxDel neurocientífico cuyas ideas sobre el miedo se citan en esta página (LeDoux, 2014).
En inglés: no hemos comprobado si hay edición en español.
Viking, 2015.
How Emotions Are Made
Lisa Feldman BarrettLa teoría de la emoción construida: el miedo no sería un circuito fijo, sino algo que el cerebro construye.
Es una hipótesis con apoyo, no un hecho cerrado.
Houghton Mifflin Harcourt, 2017. En español: La vida secreta del cerebro. Cómo se construyen las emociones (Paidós, 2018; traducción de Genís Sánchez Barberán).
Fear and Courage
Stanley RachmanDel autor de los tres caminos por los que se aprende el miedo (lo que te pasa, lo que ves y lo que te cuentan).
En inglés (no hemos comprobado si hay edición en español). Es de 1978.
W. H. Freeman, 1978 (2.ª ed., 1990).
El concepto de la angustia
Søren KierkegaardPara quien quiera la angustia, no solo el miedo: el «vértigo de la libertad».
Es un texto filosófico de 1844.
Alianza, 2007. Traducción de Demetrio Gutiérrez Rivero. Original: Begrebet Angest, 1844.
Lo que es: la respuesta del cuerpo y de la mente ante algo que parece un peligro. El cuerpo se prepara para actuar, y lo notas.
Cómo se nota: Darwin lo describió en 1872: ojos y boca muy abiertos, quietud o encogimiento, latido fuerte, palidez, sudor frío, vello erizado, temblor, boca seca y voz ronca.2
No hay una sola definición: quienes lo investigan discrepan. Para unos, «miedo» es el sentimiento consciente de estar en peligro; para otros, son los circuitos de defensa del cerebro, que actúan lo notes o no (Mobbs y otros, 2019).6
Para qué sirve: para protegerte. Öhman y Mineka (2001) proponen que una parte del miedo es un sistema que evolucionó para reaccionar deprisa ante lo que ha sido peligroso durante la evolución. Es una propuesta, no un hecho cerrado.9
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De dónde viene
Se piensa desde la Antigüedad: Aristóteles lo definía como la expectativa de un mal, Darwin describió cómo se nota y Cannon explicó qué hace el cuerpo. Hoy el debate sigue abierto.
Aristóteles: en la Ética a Nicómaco (III, 6) recoge una definición que ya circulaba: el miedo es la expectativa de un mal. Y enumera los males que se temen: la mala fama, la pobreza, la enfermedad, la falta de amigos y la muerte.1
Las tradiciones: el Buda, Séneca, Epicteto, Spinoza, Montaigne, Kierkegaard y Heidegger lo miraron cada uno a su manera. Los tienes uno al lado de otro en la página siguiente, Las voces del miedo.19
Darwin (1872): le dedicó un capítulo de su libro sobre la expresión de las emociones en las personas y en los animales (cap. XII, sobre la sorpresa, el asombro, el miedo y el horror).2
Cannon (1915): en Bodily Changes in Pain, Hunger, Fear and Rage explicó los cambios del cuerpo ante el miedo y la rabia como adaptaciones para «las necesidades de pelear o huir».3
Watson y Rayner (1920): un solo niño, «Albert B.», sin miedo a nada en las pruebas iniciales (una rata, un conejo, un perro, máscaras…). A los 11 meses y 3 días empezaron a emparejar la rata blanca con un golpe de martillo sobre una barra de acero. Es el famoso «pequeño Albert»: un caso, sin grupo de comparación, y quién fue el niño sigue discutido (Beck y otros, 2009; Powell y otros, 2014).4,5
Hoy: LeDoux (2014) propone separar los circuitos que detectan y responden a una amenaza sin que lo notes del miedo consciente. Barrett (2017) va más allá: para ella el miedo no tiene un circuito propio, sino que el cerebro lo construye a partir del cuerpo y de la experiencia. Son hipótesis con apoyo, no hechos cerrados.7,8
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Por qué significa eso
Porque está hecho para actuar rápido, y por eso una parte va por su cuenta. Y porque se aprende: por lo que te pasa, por lo que ves y por lo que te cuentan.
Rápido y en parte automático: Öhman y Mineka (2001) describen un sistema con cuatro rasgos: se activa sobre todo ante lo que ha importado en la evolución, es automático, resiste el control cognitivo y tiene un circuito propio, centrado en la amígdala. Lo de «centrado en la amígdala» se ha matizado mucho desde entonces (mira el paso IV).9
Antes de que lo pienses: según LeDoux (2014), los mecanismos que detectan y responden a una amenaza no son los que dan lugar al miedo consciente: actúan sin que lo notes y contribuyen de forma indirecta al miedo que sientes.7
Se aprende por tres caminos: por lo que te pasa, por lo que ves que le pasa a otros y por lo que te cuentan. Es la idea de Rachman (1977), tal como la recogen Muris y Field (2010), que además repasan treinta años de pruebas sobre el camino de lo que te cuentan.10
Cuánto viene de serie: sigue discutido. Poulton y Menzies (2002) defienden un número limitado de miedos innatos, ligados a la evolución, más aprendizaje para todo lo demás; la propia revista publicó seis comentarios en el mismo número.11
Lectura nuestra: el miedo es una alarma. Sirve, a veces salta de más y se puede reeducar. Cómo se suelta cuenta cómo.
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Qué se sabe y qué no
Que el miedo es una respuesta del cuerpo y del cerebro se ha medido mucho. Pero varias ideas famosas sobre él no se sostienen tal cual.
- No cuadra
Lo que no cuadra: «La amígdala es el centro del miedo». Tres pacientes con las dos amígdalas dañadas sintieron miedo y pánico al respirar aire con un 35 % de CO2: un miedo provocado desde dentro, no por una amenaza de fuera (Feinstein y otros, 2013). La amígdala sí interviene: SM, el caso más estudiado (tiene la enfermedad de Urbach-Wiethe), no se condiciona a estímulos desagradables, no reconoce las caras de miedo y casi no siente miedo ante lo que lo provoca. Y en roedores, la congelación depende de las conexiones de la amígdala con otra zona del cerebro (Roelofs, 2017). El «módulo del miedo» centrado en la amígdala de Öhman y Mineka (2001) es una de las fuentes de la idea. «Centro del miedo» es un atajo; «parte de un circuito de defensa» es lo que se sostiene.9,12,13
- No cuadra
Lo que no cuadra: «Ante el miedo solo hay lucha o huida». Cannon (1915) explicó los cambios del cuerpo como una preparación para pelear o huir. Pero escribió «fighting or flight» una sola vez y no usó una fórmula fija: la etiqueta «lucha o huida» es posterior (desde cuándo, sin comprobar). Roelofs (2017) describe que, ante una amenaza, los animales activan modos distintos: en la congelación el corazón se frena y en la lucha o la huida se acelera. En personas parecen intervenir regiones parecidas. «Lucha, huida o congelación» es lo prudente de contar.3,13
- No cuadra
Lo que no cuadra: «Solo nacemos con dos miedos». Se suele decir que son el miedo a caer y el miedo a los ruidos fuertes. Adolph, Kretch y LoBue (2014) revisaron la idea de que los bebés evitan el borde del «acantilado visual» por miedo a las alturas: no hay pruebas convincentes, porque evitan lo que no pueden bajar, que es otra cosa. Poulton y Menzies (2002) defienden un número limitado de miedos innatos (su resumen no dice cuántos). «Dos» es un número redondo de manual, no un dato; entre «ninguno» y «unos pocos» sigue el debate.11,14
- No cuadra
Lo que no cuadra: «El cerebro reptiliano». Es la idea de que el cerebro tiene capas, unas «viejas», como las de un reptil, y otras «nuevas» añadidas encima. Cesario, Johnson y Eisthen (2020) escribieron que tu cerebro no es una cebolla con un reptil diminuto dentro: entre quienes estudian la evolución del sistema nervioso, la idea está desacreditada, aunque sigue en los manuales. Lo que sí hay son circuitos de defensa parecidos en animales y en personas (Mobbs y otros, 2019; Roelofs, 2017): no un reptil dentro, sino circuitos compartidos.6,13,15
El «85 % de lo que temes nunca ocurre». La cifra se repite mucho y su origen está sin comprobar. Lo que sí se ha medido es otra cosa: 29 personas con ansiedad generalizada anotaron sus preocupaciones durante 10 días y comprobaron durante 30 qué había pasado; el 91,4 % no se cumplió (LaFreniere y Newman, 2020; formaba parte de un tratamiento). Son 29 personas y solo preocupaciones que se podían comprobar en un mes: no sirve para «todo lo que temes». Y un 8,6 % sí se cumplió.16
- Interpretación
Lo que se interpreta: «El miedo es lo contrario del amor». Es una enseñanza espiritual, no un dato de la psicología: ningún estudio puede comprobarla. Se parece a una frase de la Primera carta de Juan (4:18): «el amor perfecto echa fuera el temor» (traducción nuestra de la versión inglesa King James, «perfect love casteth out fear»; el griego, sin comprobar). En Aristóteles, el valor se mueve entre los miedos y las confianzas: el contrario del miedo es la confianza, no el amor. Puede servir como metáfora; no como dato.1,20
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Cómo trabajarlo
Mirándolo con calma, calmando el cuerpo y acercándote poco a poco. Ninguna práctica es un tratamiento; si el miedo es muy fuerte, un profesional también puede acompañarte.
Empieza por mirarlo: pregúntate qué mal esperas exactamente (Aristóteles) y qué pruebas ciertas tienes de que ocurrirá (Séneca, carta 13).1,19
Las cuatro prácticas: alargar la exhalación, ponerle nombre a lo que sientes, anotar lo que temes y comprobarlo, y acercarte poco a poco a lo que evitas. Las tienes paso a paso, con su base y su límite, en Cómo se suelta.
Soltar no es borrar: lo aprendido no se destruye: se aprende algo nuevo encima, y según el contexto vuelve uno u otro (Bouton, 2002). Por eso a veces el miedo regresa.17
Si es muy fuerte: si el miedo te desborda o te limita la vida, no tienes por qué llevarlo solo: un profesional puede acompañarte. En 41 ensayos con placebo, la terapia cognitivo-conductual tuvo un efecto moderado sobre los síntomas del trastorno que se trataba (Carpenter y otros, 2018). Pero en el estrés postraumático abandonó más gente con esa terapia (29,0 %) que con placebo (17,2 %): es una terapia exigente, y por eso conviene hacerla con alguien al lado. En Lo que duele tienes más sobre cómo dejarte acompañar.18
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Fuentes
Para que lo compruebes tú.
Aristóteles, Ética a Nicómaco, libro III, cap. 6 (1115a): el miedo como expectativa de un mal. Griego de Bywater (1894) y traducción inglesa de Rackham (1934), en Perseus.
Citada en los pasos II, IV y V
Charles Darwin, The Expression of the Emotions in Man and Animals (1872), cap. XII (en inglés; Project Gutenberg, n.º 1227).
Citada en los pasos I y II
Cannon, Bodily Changes in Pain, Hunger, Fear and Rage (D. Appleton, Nueva York, 1915; 2.ª ed., 1929), en inglés; edición escaneada en el Internet Archive.
Citada en los pasos II y IV
Watson y Rayner, «Conditioned emotional reactions», Journal of Experimental Psychology (1920): el estudio de «Albert B.».
Citada en el paso II
Beck, Levinson e Irons (2009) y Powell, Digdon, Harris y Smithson (2014), ambos en American Psychologist: dos propuestas distintas sobre quién fue Albert.
Citada en el paso II
Mobbs y otros, «Viewpoints: Approaches to defining and investigating fear», Nature Neuroscience (2019): el desacuerdo sobre qué es el miedo.
Citada en los pasos I y IV
J. LeDoux, «Coming to terms with fear», PNAS (2014): los circuitos de defensa y el miedo consciente.
Citada en los pasos II y III
L. F. Barrett, «The theory of constructed emotion: an active inference account of interoception and categorization», Social Cognitive and Affective Neuroscience (2017).
Citada en el paso II
Öhman y Mineka, «Fears, phobias, and preparedness: toward an evolved module of fear and fear learning», Psychological Review (2001).
Citada en los pasos I, III y IV
Muris y Field, «The role of verbal threat information in the development of childhood fear», Clinical Child and Family Psychology Review (2010): recoge la idea de Rachman (1977) de los tres caminos del miedo aprendido.
Citada en el paso III
Poulton y Menzies, «Non-associative fear acquisition», Behaviour Research and Therapy (2002).
Citada en los pasos III y IV
Feinstein y otros, «Fear and panic in humans with bilateral amygdala damage», Nature Neuroscience (2013).
Citada en el paso IV
Roelofs, «Freeze for action: neurobiological mechanisms in animal and human freezing», Philosophical Transactions of the Royal Society B (2017).
Citada en el paso IV
Adolph, Kretch y LoBue, «Fear of heights in infants?», Current Directions in Psychological Science (2014).
Citada en el paso IV
Cesario, Johnson y Eisthen, «Your brain is not an onion with a tiny reptile inside», Current Directions in Psychological Science (2020).
Citada en el paso IV
LaFreniere y Newman, Behavior Therapy 51(3), 413-423 (2020): 29 personas con ansiedad generalizada y sus preocupaciones comprobadas.
Citada en el paso IV
Bouton, «Context, ambiguity, and unlearning: sources of relapse after behavioral extinction», Biological Psychiatry (2002).
Citada en el paso V
Carpenter y otros, Depression and Anxiety 35(6), 502-514 (2018): 41 ensayos con placebo sobre la terapia cognitivo-conductual.
Citada en el paso V
Séneca, Cartas a Lucilio, libro II, carta 13: pruebas ciertas del mal que viene (texto latino en Perseus).
Citada en los pasos II y V
Primera carta de Juan (4:18), en la versión inglesa King James.
Citada en el paso IV
Nakkai
